Experiencia Huracán María

 El 19 de septiembre del 2017 fue un día que marcó la historia de Puerto Rico, pero los meses después del huracán María por siempre marcará mi vida. Ver las calles destruidas, familias sin nada, el trabajo durísimo que hizo el trabajador puertorriqueño y los que están afuera fue inmenso. Millones de mentiras también ya que las personas afuera como el presidente de los Estados Unidos al sol de hoy no quiere ver la realidad de lo que Puerto Rico pasó hace un año. Lo peor de todo es que un año después hay todavía personas luchando con necesidades por este fenómeno de la naturaleza. Lo que nuestro país pasó no es para recuperarnos en uno o dos años y eso es claro, pero las personas se frustran y es por el mismo trauma del ultimo año de nuestras vidas.

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{Foto: Urb. Quinta del Rio Bayamón, Por: Rocío Fernández, Licencia: CC}

Hace un año, estaba en mi casa con mi familia corriendo con tablas de madera y buscando todo lo que fuese posible para pasa un tiempo de huracanes. Lo más inesperado es que fuese tan fuerte como nos dio. Durante el huracán yo me acosté a dormir y cuando me desperté me encontré con mi mamá y mi padrastro llamándome para recoger agua de su cuarto porque estaba entrando demasiada por las ventanas. Mis perras estaban bien nerviosas y no se me querían salir del lado, mi mamá nunca la había visto tan preocupada mirando por las ventanas, mi padrastro no dejaba de correr por la casa y yo no sabía qué hacer con la desesperación. Cuando acabó todo salimos y mientras empezábamos a bregar con los arboles caídos más todo lo que se encontraba en el camino los vecinos comenzaron a salir y ayudarse unos a los otros. Se veían por las tardes observando atardeceres y platicando afuera ya que no había electricidad. Fue interesante como fui conociéndolos; casi un año viviendo en esa casa y no sabía ni quiénes eran, pero cada uno fue ayudándose poco a poco en lo que se podía hacer. Además de ver las calles de Bayamón destruidas lo más que me afectó fue el momento que bajé a mi pueblo, Caguas. La autopista estaba casi intransitable; inundada, arboles, cables y mucha destrucción. Había demasiada agua en los carriles y las personas comenzaron a bajarse de los carros y abrir caminos para todos poder ir a nuestros destinos. Puerto Rico siempre ha sido unido, pero jamás los había visto de esta manera.

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{Foto: Autopista de San Juan a Caguas, Por: Rocío Fernández, Licencia: CC}

Al momento que llegué comencé a llorar al ver mi pueblo destruido y comencé a desesperarme por ver todo eso más no tener la comunicación para saber cómo estaba todo el mundo. Incluyendo mi familia, mis amistades, mis personas cercanas y hasta mi papá. No solamente me chocó el ver a Caguas de la magnitud que lo vi, pero me di cuenta el tiempo que estarían sin electricidad por la cantidad de postes y cables en el suelo. Estuve bajando todos los días después de María ya que tenía que ayudar a los padres de mi padrastro porque perdieron el apartamento de la parte de arriba de su hogar. Alquilan ese apartamento y cuando llegamos no existía ya y teníamos que ayudarlos porque son muy mayores. Sentarme y hablar con ellos sobre cómo lo pasaron se me paraban los pelos de punta escucharlo decir “Sentía los poste y las planchas de cinc volando y cortando cables” y lo más increíble es que su esposa tiene Alzheimer y para él todo fue más complicado al tener que explicarle a cada rato lo que estaba sucediendo.

En todos lados que nos movíamos veíamos las personas haciendo fila para gasolina, comida o simplemente sacando dinero en efectivo ya que no funcionaban las tarjetas. Como futura periodista y joven curiosa que soy en las filas de la panadería, Walgreens o del banco preguntaba y hablaba con las personas de sus experiencias. Cada cual tenía su experiencia diferente y hasta mi celular llegué a prestar porque me encontré con personas sin servicio o sin batería. Intentaba dejar mi grano de arena a donde quiera que fuera y me quedé con ganas de hacer y ayudar más. Las personas se intentaban levantar unas a las otras y eso me motivaba a tirarme a la calle y seguir ayudando. Fuese prestando mi teléfono, dandole cajas de agua a los que necesitaban, dandole unos gatorades o agua a los policías trabajando en las luces de transito hasta ayudar en hogares de vecinos.

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Un año después me senté a ver el documental de la experiencia de los periodistas puertorriqueños y cómo ellos hicieron su trabajo durante este fenómeno y fue inspirador. No podía parar de llorar al saber que seré yo en unos años ayudando y llevando mensajes difíciles y positivos al país o mundo entero. El huracán María me dio muchas memorias y experiencias para tenerlas en mi memoria y aprendí demasiado. Desde acostumbrarme a estar sin electricidad, ayudar al que lo necesita, coger clases en carpas mientras llovía hasta comer lo que había al momento porque no se podía tener cualquier cosa por la dificultad para conseguirlo. El país sigue sufriendo el pase de este fenómeno natural, pero nos enseñó muchísimo más de lo que esperábamos y nos seguirá enseñando mientras pasen los días.

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